Los implantes dentales son unas piezas 100% fabricadas en titanio (es el elemento biocompatible por excelencia) y que sustituyen a las raíces de los dientes  que se han perdido.

La colocación de  implantes es un procedimiento rutinario que se realiza con anestesia infiltrativa (local), sin necesidad de realizar incisiones con descargas. La intervención consiste en la introducción de una secuencia de fresas de corte calibradas hasta conseguir el diámetro  y la longitud deseados. Suele ser una intervención sencilla en la que se tarda alrededor de unos 20 minutos por implante. Tras ello se introduce el implante en el lecho óseo creado y si fuese necesario (no siéndolo a veces) se dan puntos de sutura que se retirarán a la semana.

Tras ello el paciente se marcha a casa con un tratamiento antibiótico y antiinflamatorio y se le indican una serie de pautas de cuidados e higiene que debe seguir meticulosamente.

A partir de aquí comienza el periodo de osteointegración, que varía de 2 a 3 meses en la mandíbula y de 3 a 4 meses en maxilar, durante este tiempo el hueso irá creciendo alrededor de la espiral externa del implante formando una unidad con el mismo.

Transcurrido  este tiempo de espera se realiza, si fuese necesario, una segunda cirugía para descubrir el implante y se comienzan a realizar las pruebas para colocar una o varias piezas (suelen ser  piezas de metal/cerámica o estructuras de metal/resina según el tipo de prótesis) que van atravesadas longitudinalmente por unos tornillos (tornillos de anclaje) que unirán las mismas con el implante. Dichas piezas son de tamaño color y forma adaptadas a la boca del paciente.

El riesgo de fracaso de un implante está por debajo del  3%, por lo que si se siguen las pautas de higiene, cuidados y revisiones no tienes por qué tener el más mínimo problema y tendrás una solución fija, definitiva y nada agresiva para el resto de tus piezas dentales.